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Sunday, February 26, 2017

¿Por qué la flexibilidad laboral es una medida sustentable?

No es ninguna sorpresa observar que, en muchas partes del mundo, la tendencia sustentable en el trabajo es hacia la flexibilidad laboral. Por cierto, llegar a una oficina y sentarse frente al mismo escritorio de todos lo días, donde colocamos el notebook que llevamos siempre con nosotros, no resiste ningún análisis en materia de productividad: perdemos horas en desplazarnos de un punto a otro e incluso de una ciudad a otra, nos agotamos y nos estresamos innecesariamente por la congestión vehicular de la ciudad. Este escenario parece no ser sustentable, ¿verdad? Aún más, en muchos contextos laborales chilenos, el tema de la sustentabilidad se trataría más de una bonita declaración de buenas intenciones que de un efectivo llamamiento a la acción. A la inversa, la flexibilidad laboral, en los casos en que ésta sea implementada, constituye una decisión sustentable porque permite medir y evaluar el desempeño laboral desde principios sociales, económicos y medioambientales, y no desde la mera evaluación cuantitativa (cumplimiento de horario o control horario), que es la forma que tienen algunas empresas lucrativas y no lucrativas para valorar el desempeño de sus empleados ¡Craso error!
Siguiendo esta misma línea de análisis, la fuerza laboral de hoy parecería preferir un horario flexible, que le permita optimizar su gestión de trabajo y mejorar su calidad de vida, en su conjunto. A modo de ejemplo, un reciente estudio de Citrix señala que el 71% de las personas prefería dejar su modo actual de trabajo por una forma remota. Por su parte, un estudio de FlexJobs indica que  de un universo de 3.100 profesionales, sólo el 7% señala que la oficina es su lugar preferido para ser más productivo. Otro resultado del mismo estudio indica que el 65% de los empleados piensa que sería más productivo con el teletrabajo que trabajando en la oficina tradicional.  Entonces, cuando hablamos de flexibilidad laboral, ¿acaso no estamos implicando una genuina aspiración de mejoramiento de nuestro bienestar general? Es más, muchos profesionales preferimos trabajar en esquemas de horario flexible para así controlar mejor nuestro trabajo y nuestra vida personal. Ahora bien, desde una perspectiva sustentable, el horario rígido de ocho horas y la sobre-supervisión es indiscutiblemente un mal negocio para todos, pues este modelo tradicional de trabajo no garantiza necesariamente un alta productividad, ni menos la realización personal, que todos buscamos. Así lo demuestran diversas investigaciones en la materia, las cuales concluyen que la rigidez laboral es altamente  peligrosa para la salud, debido que ésta podría gatillar las así llamadas 'enfermedades ocupacionales', de carácter no sólo fisiológico, sino que principalmente psicosocial.
Sin lugar a dudas, cuando nuestra salud mental mejora, así también lo hará nuestra moral. Por tanto, cuando tenemos mayor espacio y tiempo para distraernos de las actividades rutinarias de la oficina, podemos realizar otras actividades, tales como, pasar más tiempo con nuestra familia, dormir más y mejor e incluso seguir estudiando. De hecho, cuando nos re-oxigenamos, desarrollándonos en otras actividades, llegamos lejos más felices a nuestro trabajo y, consecuentemente, nos comprometemos y producimos más. Adicionalmente, la costo-efectividad suma para ambas partes: la empresa genera ahorros de toda índole y los empleados también.
Pero, aunque algunas empresas chilenas han diseñado e implementado modelos de flexibilidad laboral efectivos (por ejemplo, part-time y teletrabajo) y, además declaran a la sustentabilidad como un principio institucional, desde en análisis critico, esto parece no ser suficiente. En primer lugar, estimo que las empresas necesitan personalizar sus programas de horario flexible  de manera de satisfacer las necesidades particulares de sus empleados y, en segundo lugar, es necesario que dichos modelos sean totalmente apoyados por la alta dirección. En la práctica, esto significa que las empresas deberían promover una cultura de la auto-gestión, con un esquema de trabajo por objetivos y con métricas claramente definidas para su seguimiento y evaluación. Indudablemente, este enfoque más sustentable del trabajo podría ser beneficioso para ambas partes, mejorando así la satisfacción laboral, reduciendo el ausentismo, aumentando el compromiso y reduciendo notoriamente la rotación de personal.
Finalmente y desde una perspectiva sustentable, comparto algunas preguntas que podrían servir para evaluar un eventual esquema de trabajo con horario flexible:
  • ¿Cómo podría la flexibilidad laboral mejorar su productividad como profesional?
  • ¿Cuáles son los ahorros que generaría su empresa y usted a partir de un modelo de trabajo flexible?
  • ¿Es usted un profesional autodirigido, que se siente cómodo trabajando sin supervisión directa?
  • ¿Cuándo usted se vuelve más creativo/a? ¿Con mayor o menor supervisión?
  • ¿Es la creatividad valorada por su organización?
  • ¿Cree usted que su calidad de vida mejoraría con un esquema de trabajo flexible?
En síntesis, todo indicaría que no existen reglas estandarizadas para la flexibilidad laboral, ya que la tendencia generalmente parece centrarse en la negociación individual, considerando las necesidades de desarrollo de cada persona, las cuales podrían diferir de las de otros. Así, si un empleado o colaborador desea adscribirse a este sistema de trabajo, él o ella debería presentar una propuesta individual y asegurarse de que su empleador entienda muy bien sus razones, las cuales, a mi juicio, simplemente debería basarlas en la declaración de sustentabilidad de la propia organización, poniendo el énfasis en el compromiso, la productividad y la felicidad en el trabajo, vale decir, relevando el 'llamamiento a la acción'. 

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