Sunday, April 04, 2010

Cambio paradigmático: ya es hora de modificar nuestras actuaciones pedagógicas

Este artículo es producto de mi reflexión crítica y contextual sobre el llamado cambio paradigmático en educación y de los datos aportados por una reciente investigación que realizara en relación a la efectividad pedagógica, a nivel universitario.

Derechamente quiero partir diciendo que no logro comprender por qué algunos docentes aún continúan férreamente anclados al obsoleto enfoque digestivo, instruccional, frontal, o como usted prefiera llamarlo, sin ni siquiera intentar producir cambios mínimos en sus prácticas pedagógicas. Por cierto, como educador, creo que las concepciones pedagógicas son sumamente importantes, pero también creo que es preciso ajustarse a los nuevos requerimientos impuestos por los procesos de globalización, de sintonización y/o ajuste curricular y, de estudiantes lejos más multimodales que aquellos de generaciones anteriores. Es más, las corrientes mundiales en educación apuntan a darle al estudiante un fuerte protagonismo en su proceso formativo. Esto presupone que el proceso ha de centrarse prioritariamente en el aprendizaje. En otras palabras, el rol del profesor ha cambiado, pasando de ser un mero transmisor de contenidos, lo cual carece de absoluto sentido en plena era de la sociedad del conocimiento, a un facilitador del proceso de aprendizaje y enseñanza, que, por cierto, demanda efectivamente una actuación pedagógica mucho más propositiva y proactiva.

En teoría y, más precisamente a partir de las conversaciones que suelo entamblar con mis colegas docentes, lo anterior resulta una interesante y desafiante apuesta. Sin embargo, lo que se constata en la micro-realidad del aula, en muchos casos, sigue siendo la puesta en escena de la tradicional clase expositiva o frontal con nulos o muy pocos espacios para la intervención del estudiante y, por tanto, con escasas posibilidades de aplicabilidad y replicación prácticas. Es más, frecuentemente observo cómo muchos profesores aún llevan un libro de texto aferrado bajo el brazo como la herramienta de apoyo pedagógico más recurrente e imprescindible para el desarrollo de la clase. ¿Es esta la forma de abordar el acto pedagógico en pleno cambio paradigmático?, ¿no habrán otras formas más creativas e innovadoras de actuación docente? Prefiero dejar las respuestas a estas interrogantes para que usted juzgue por sí mismo.

En este mismo sentido, con frustración suelo oír de parte de algunos profesores, opiniones tales como, “a mí me interesan los contenidos puritos”, “los alumnos son como un diamante en bruto”, “las clases magistrales siguen siendo la solución”, "ya finaliza el semestre y aún no termino de pasar la materia", etc. Ante este alarmante escenario, ¿qué sentido tiene el Proyecto Tuning, a nivel de educación universitaria, o nuestra criolla Propuesta de Ajustes Curriculares, a nivel de enseñanza básica y media? Como vemos, no es posible conciliar la teoría con la práctica si es que no se producen primero cambios transformacionales en las propuestas pedagógicas y en las propias concepciones que los docentes tienen sobre lo que en realidad significa educar en un contexto tan exigente como el generado actualmente por el vertiginoso avance tecnológico y los acelerados procesos de globalización.

Al revisar la literatura especializada, se advierte que, en plena época de cambios de toda índole, las tendencias mundiales en educación apuntan indefectiblemente a desarrollar habilidades en los estudiantes que vayan más allá de la simple memorización de contenidos. En realidad, lo que se observa como aspecto consagrado en los currículos modernos es el desarrollo de competencias en los estudiantes, que les permitan seguir aprendiendo a lo largo de su vida, que, por lo demás, es precisamente lo que se requiere en el campo laboral. Sin embargo, muchas actuaciones pedagógicas no se condicen con la necesidad de formar profesionales aptos para un mundo que está exhibiendo cambios profundos y acelerados.

En este contexto, siempre he creido en el autoaprendizaje como estrategia de exploración y de construcción de significados. De hecho, el hombre ha subsistido desde sus albores gracias a su alto potencial exploratorio. Ha aprendido a defenderse y a responder a diversas exigencias de su medio. En otras palabras, ¿por qué darle a los estudiantes todos los supuestos "contenidos puritos" limitando así su propia búsqueda personal y toma de conciencia sobre el proceso de aprendizaje? Mientras reflexiono y escribo este articulo, me viene a la mente la magistral cita que Benjamin Franklin hiciera hace unos trecientos años y que, en pleno siglo XXI, cobra gran valor: "Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo". Por cierto, me quedo con la última parte de esta cita "involúcrame y lo aprendo". Entonces, me pregunto, ¿por qué tantos colegas profesores aún persisten en sus anquilosadas clases magistrales como estrategia pedagógica preferencial?

Al respecto, justamente esta mañana leí una nota en la prensa sobre el estudio efectivo. La experta argentina Mónica Castagneto (El Mercurio, 4 de abril de 2010, sección A, p. 12) aludía a la importancia de promover las habilidades como estrategia de aprendizaje verdadero en contrastre con la importancia que se le da a la memorización. Esta investigadora propone cuatro consejos claves que, por lo demás, tienen muchas implicancias pedagógicas:

Desde la perspectiva discente:

1) Aprender a leer
2) Estructurar la materia a estudiar
3) Observar cómo se estructura una idea

Desde la perspectiva docente:

4) Proponer buenas evaluaciones

Por cierto, la lectura es un componente central del aprendizaje. Esto lo pude constatar como profesor invitado en mi pasantía en China en 2009, con ocasión de un proyecto de promoción del inglés hablado en la universidad anfitriona. Así, me di cuenta de la gran importancia que en este país se la da a la lectura en todos los niveles educativos. Es más, en mis clases de conversación siempre tuve a estudiantes universitarios muy documentados y preparados para participar activamente en los diversos temas de conversación planteados para el programa. Naturalmente, esto supone mucha lectura previa. Lamentablemente, en nuestro contexto chileno no se observa mucho incentivo hacia la lectura como estrategia de aprendizaje de nuestros estudiantes. Esto se produce, a mi juicio, precisamente debido a que muchos profesores aún insisten en el viejo paradigma de clase frontal y de entrega de "contenidos puritos" en el aula. Lo que sí observo que se promueve, de manera sostenida, es la memorización de hechos más que la comprensión de ideas. Por consiguiente, no se incentiva ni el análisis personal y/o colectivo ni tampoco el pensamiento crítico.

En este escenario tan frustrante en algunos casos, observo cómo muchos profesores chilenos coinciden en evaluar precisamente esos llamados "contenidos puritos" a través de instrumentos de evaluación de cuestionable calidad metodológica que sólo miden memorización cortoplacista. A mi juicio, lo que verdaderamente tiene sentido es evaluar a través de la aplicación práctica. Esto es, involucrando al estudiante en situaciones de aprendizaje que le sean significativas y pertinentes para su formación. Colegas, no tengamos miedo en someter a nuestros estudiantes a desafíos por superar, pues a través de la resolución de problemas se aprecia cómo se aplican los conocimientos y se manifiestan la creatividad y la innovación en toda su real magnitud.

Al respecto, en sus estudios sobre la creatividad, la doctora Teresa Amabile (citada en Kaufman & Ray, 2000) se atreve a hablar de los "asesinos de la creatividad". Esta investigadora ha identificado los siguientes factores restrictores de la creatividad:

- vigilancia [monitoreo excesivo],
- evaluación [evaluación por sobre autoevaluación],
- recompensas [uso excesivo de premios],
- competencia [situación desesperada de ganar o perder],
- exceso de control [cómo se deben realizar las actividades],
- restricción de las lecciones [planificación inflexible y apego irrestricto a textos], y
- presión [establecimiento de expectativas descontextualizadas].

Me pregunto, ¿cuántos de estos factores restrictores podrían estar presentes en las actuaciones de muchos de nuestros profesores connacionales? La respuesta la dejo para su propia reflexión.

Por otra parte, a mi juicio, la creatividad y la efectividad pedagógica son elementos inherentes al cambio educativo que hemos estado observando durante las últimas décadas. Dentro de este mismo marco, a continuación paso a indicar algunos factores favorecedores de dicha efectividad, que he identificado a partir de mi experiencia como asesor en procesos de autoevaluación, y de un estudio comparado que hiciera la Prof. Arancibia (1992) en relación a este mismo tema. Factores identificados:

Contexto institucional

1. Liderazgo profesional de la dirección,
2. Estabilidad laboral,
3. Adhesión al Proyecto Educativo Institucional,
4. Estrategias de desarrollo académico,
5. Orientación hacia el cambio,
6. Instalaciones orientadas al aprendizaje,
7. Apoyo institucional a la gestión pedagógica,
8. Participación de la comunidad educativa, y
9. Planeación, estructuración y actualización del currículum.

Contexto docente

1. Clima de aprendizaje,
2. Prácticas pedagógicas,
3. Igualdad de oportunidades educacionales,
4. Adhesión a la misión institucional,
5. Responsabilidad profesional,
6. Compromiso con la organización,
7. Desempeño académico,
8. Orientación hacia el cambio,
9. Focalización en el aprendizaje,
10.Efectividad pedagógica,
11.Altas expectativas de aprendizaje de los estudiantes, y
12.Orientación hacia el autoestudio de los estudiantes.

Adicionalmente, como un aporte al tema planteado aquí, quisiera agregar algunos aspectos que he identificado como factores restrictores de la efectividad pedagógica en un estudio que hiciera recientemente a nivel de contexto universitario:

Dimensión docente

1. Clima de aprendizaje escolarizante (debido fundamentalmente a la vinculación del docente con el sistema escolar),
2. Prácticas pedagógicas descontextualizadas (la escuela difiere de la universidad),
3. Desconocimiento de la misión institucional,
4. Orientación a la clase expositiva (como estrategia preferencial de transmisión de contenidos),
5. Bajas expectativas sobre el aprendizaje (desconocimiento del desarrollo cognoscitivo y cultural de los estudiantes), y
6. Baja promoción del autoestudio (como factor crítico del éxito académico).

Dimensión institucional
1. Falta de liderazgo pedagógico,
2. Alta rotación de docentes,
3. Falta de socialización del proyecto educativo institucional,
4. Carencia de estrategias de desarrollo académico,
5. Apego a la escuela tradicional,
6. Falta de apoyo a la innovación pedagógica, y
8. Planeación individual del currículum.

Como vemos, en general, el cambio paradigmático no resulta una tarea fácil. Implica grandes pero satisfactorios desafíos en el ámbito de la efectividad, creatividad e innovación pedagógicas, ya sea a nivel institucional o docente. Es más, supone observar con atención el acto educativo y mejorarlo, requiere dejar atrás viejas convicciones o concepciones sobre la pedagogía y abrirse a nuevas posibilidades, involucra compartir e intercambiar nuestras experiencias pedagógicas con los demás y crecer como profesionales de la educación. ¿Acaso abrirse al cambio no conlleva altas cuotas de creatividad e innovación y, por consiguiente, muchas satisfacciones personales?, ¿acaso no podríamos ser más efectivos si realmente nos sumáramos todos al cambio educativo? Juzgue por sí mismo. En todo caso, como educador, investigador y observador crítico y reflexivo de nuestra realidad y de otras fronteras, llevo muchos años promoviendo con pasión y grandes esfuerzos cambios transformacionales en nuestras formas de vincularnos con el proceso de aprendizaje y enseñanza.

Finalmente, en relación al cambio educativo, Fullan (2002, p. 64) sostiene que "las decisiones docentes a menudo se adoptan por el procedimiento pragmático de ensayo y error, sin espacio para reflexión o el razonamiento lógico". Me pregunto, "acaso no es el acto educativo una instancia eminentemente de reflexión crítica desde y en la práctica?". Como agente y promotor del cambio educativo, saque usted sus propias conclusiones.

Bibliografía

Arancibia, V. (1992). Efectividad escolar. Un análisis comparado. Extraido el 29 de marzo de 2010, de: http://www.google.cl/search?source=ig&hl=es&rlz=1R2RNWE_enCL330&q=Viloleta+Arancibia+efectividad+escolar&meta=lr%3D&aq=f&aqi=&aql=&oq=&gs_rfai=
Castagneto, M. (2010). Cuatro consejos ayudan a aprender de verdad. En Sección educación, p. 12 [4 de abril de 2010]. Santiago de Chile: El Mercurio.
Fullan, M. (2002). Los nuevos significados del cambio en educación. Barcelona: Ediciones Octaedro.
Kaufman, P. y Ray, M. (2000). El espíritu creativo. La revolución de la creatividad y cómo aplicarla a todas las actividades humanas. Buenos Aires: Ediciones B Argentina, S.A.