Blog Archive

Sunday, November 05, 2017

Segundo Manifiesto de advertencia a la humanidad

La Unión de Científicos Preocupados (Unión of Concerned Scientists), de la cual formo parte, junto a científicos de más de 184 países, hemos firmado el Segundo Manifiesto de advertencia sobre el estado del plantea. Ya se cumplen 25 años del Primer Manifiesto firmado en 1992, incluyendo a premios Nobel. Para evitar la miseria generalizada causada por el daño catastrófico, que estamos infligiendo a la biosfera, la humanidad debe practicar una alternativa de vida más sostenible desde el punto de vista ambiental que la practicada hasta ahora. El Segundo manifiesto fue recientemente firmado por 15.364 consignatarios, incluyendo a 133 investigadores chilenos (0,86%). Tengo el honor de ser uno de los pocos investigadores en educación chilenos firmantes de tan importante manifiesto.

Según el referido manifiesto, las transiciones hacia la sostenibilidad se pueden producir de diferentes maneras, pero todas requieren presión de la sociedad civil y argumentaciones basadas en evidencias, liderazgo político, políticas adecuadas, mercados y otras consideraciones. Ejemplos de acciones diferentes y efectivas que la humanidad puede tomar para la transición a la sostenibilidad incluyen (sin presumir orden de importancia o urgencia):
  1. Devolver a la naturaleza salvaje zonas con especies nativas, especialmente con depredadores ápice, para recuperar procesos y dinámicas ecológicos;
  2. Priorizando a la promulgación de grandes reservas protegidas de una proporción significativa de los hábitats terrestres, marinos, de agua dulce y aéreos de todo el mundo;
  3. Mantenimiento de los servicios ecosistémicos de la naturaleza parando la conversión de selvas, bosques, pastizales y otros hábitats naturales;
  4. Restaurar comunidades con plantas autóctonas a gran escala, principalmente, bosques;
  5. Implementar políticas adecuadas para remediar la extinción de especies animales, la caza furtiva y la explotación y comercio de especies amenazadas;
  6. Reducir el desperdicio de alimentos mediante educación y mejores infraestructuras;
  7. Promover un cambio hacia dietas más vegetales y menos animales;
  8. Promover la reducción adicional de los índices de fertilidad procurando que mujeres y hombres tengan acceso a la educación reproductiva y a los servicios voluntarios de planificación familiar, especialmente, en lugares donde falten tales recursos;
  9. Aumentar la educación ambiental para niños y fomentar un mayor aprecio por la naturaleza por parte de la sociedad;
  10. Desinvertir en inversiones monetarias e invertir en iniciativas que promuevan cambio ambiental
  11. Idear y promover tecnologías no contaminantes y adoptar masivamente energías renovables y, simultéaneamente, eliminar subvenciones a la producción de energía con combustibles fósiles.
  12. Revisar nuestra economía para reducir desigualdades y asegurarse que precios, impuestos y sistemas de incentivos tengan en cuenta los costes reales que nuestro patrón de consumo imponen en nuestro medio ambiente; y
  13. Evaluar, de manera científica, el tamaño de la población humana sostenible a largo plazo y pedir a las naciones y a sus líderes que apoyen ese objetivo vital.
Para prevenir pérdidas catastróficas de biodiversidad y un deterioro generalizado de las condiciones de vida humana, la humanidad debe poner en práctica una forma de vida más sostenible ambientalmente que la actual (“business as usual”). Esta receta ya fue bien articulada hace 25 años por los científicos del mundo, pero en la mayoría de los temas, no hemos escuchado su llamado de atención. Pronto será demasiado tarde para cambiar el rumbo de la actual trayectoria que nos lleva al fracaso y nos estamos quedando sin tiempo. Debemos reconocer, en nuestras vidas diarias y en nuestras instituciones de gobierno, que la Tierra con toda su vida es nuestro único hogar.

Tuesday, September 19, 2017

Acuerdo de París avanzando

El Acuerdo de París se enmarca dentro de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio climático, que establece medidas para la reducción de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), a través de la mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas a efectos del Calentamiento Global. Su aplicabilidad sería hasta el año 2020, cuando finaliza el Protocolo de Kioto. Este acuerdo está avanzando, pero necesitamos acelerarlo. El progreso es imparable, con más de 160 países implementando planes de acción. Sin embargo, el 80% de la energía que utilizamos en el mundo, aún proviene de combustibles fósiles. Nadie puede quedarse atrás ¡Súmate!, pues se trata de una carrera contra el tiempo.

Wednesday, August 16, 2017

¿Qué me está movilizando hoy?

Hoy me está movilizando la sostenibilidad, como gran paraguas paradigmático, que está cubriendo todas mis acciones. No hace mucho, en noviembre del 2015, la sostenibilidad llegó de plano a mi vida para quedarse. La motivación inicial fue una breve charla de un especialista, quien abordó este tema desde una mirada principalmente disciplinar. Ese enfoque me bastó para darme cuenta que dicha perspectiva se quedaba algo corta. Pues bien, comencé a estudiar e investigar este apasionante mega tema, sin parar desde entonces. Así, me integré a The Association for the Advancement of Sustainability in Higher Education (AASHE), USA y recientemente a Red de Campus Sustenable de Chile (RCS). Estoy muy satisfecho, pues mi camino hacia la sostenibilidad ha sido de grandes aprendizajes. Por ejemplo, he aprendido que la sostenibilidad supera, con creces, la adopción de políticas medioambientales. De allí que uno de los manteas que más repito como académico, es que “la sostenibilidad es el trabajo de todos”, pues requiere que todos nos sumemos, actuando de manera más proactiva, con un liderazgo centrado en el respeto por los derechos humanos y orientado a resultados, en donde todos contamos. Con todo, creo que el liderazgo transformacional es el estilo de liderazgo que necesitamos para apalancar los cambios profundos y radicales, que este nuevo paradigma nos está exigiendo.

Desafortunadamente, también he aprendido que los esfuerzos académicos colisionan frontalmente con el estilo de silo funcional, que aún observamos en pleno siglo XXI en la academia, al puro estilo de la modernidad del siglo XX, centrada en la especialización de disciplinas y en la compartimentalización del conocimiento, normas que, desafortunadamente, no será fácil erradicar. Tal es así que, en una oportunidad, cuando le comenté a un colega sobre mi deseo de investigar en sostenibilidad, me retroalimentó con un: “¿Para qué?, si tu tema es otro.” Aunque no era la retroalimentación que ciertamente buscaba, superé el incidente y seguí adelante, convenciéndome, cada vez más, que la sostenibilidad es el trabajo de todos y, por tanto, nadie puede quedarse atrás.

Para resumir, la sostenibilidad implica un cambio paradigmático: centralidad en las personas, resolución de problemas orientada a resultados, perspectiva a largo plazo y pensamiento holístico o ecológico, con un fuerte llamamiento a la acción. Estos nuevos enfoques cognitivos podrían sonar simples, pero son extremadamente difíciles de llevarlos a la práctica, ya que requieren un esquema de apoyo abierto de las organizaciones, planes de incentivos, cambios en los estilos de trabajo y una cultura de gobernanza compartida, más que reglas rígidas y burocráticas, que no nos permiten innovar, ni menos transformar. Sólo basta con mirar a nuestro alrededor. Además, la sostenibilidad demanda profesionales de todo tipo, que sepan trabajar en forma colaborativa y abierta, independientemente de su área disciplinar, ofreciéndonos a todos un nuevo potencial que nos mueve a crear una comunidad global de agentes de cambio para así responder activamente a los desafíos presentes y futuros de una sociedad en permanente desarrollo.

Tuesday, August 15, 2017

Participando en Congreso sobre Emprendimiento e Innovación en EAFIT 2017

El Dr. Fernando Vera participa como expositor en  Congreso sobre Emprendimiento e Innovación en Universidad EAFIT, Medellín, Colombia, declarada por The Wall Street Journal y Citigroup como la ciudad más innovadora del mundo. Este encuentro contó con la participación de investigadores de America Latina y El Caribe. En su exposición el Dr. Vera vinculó el emprendimiento con el desarrollo de competencias blandas, bajo el paradigma de la Agenda 2030. 
Al respecto, el Dr. Vera señala que “El emprendimiento es una competencia impulsada por la UNESCO, que tiene asociada un conjunto de competencias blandas de base, cuya adquisición es crítica para promover el cambio transformacional y visualizar nuevas oportunidades de negocios y desarrollo profesional, en un mundo cada vez más exigente y cambiante”.

Saturday, June 03, 2017

¿Qué hace a un profesional sostenible?


La sostenibilidad es un campo profesional que está comenzado a madurar.
Hace 10 años, los profesionales que se dedicaban a la sostenibilidad eran principalmente ingenieros, con una fuerte mirada hacia temas medioambientales. Hoy se han integrado profesionales de diversas disciplinas, quienes, además de ser generosos con sus conocimientos, son visionarios, flexibles, capaces de trabajar en equipo, buenos comunicadores, conciliadores, con visión a largo plazo y que exhiben, como rasgo fundamental, su pasión por el cambio transformacional.

Con el tiempo, los roles han ido evolucionando, ya que hoy todos contamos y nadie puede quedarse atrás. Por cierto, los primeros impulsores de la sostenibilidad pavimentaron el camino para otros a quienes nos interesa y mueve profundamente el tema y quienes hemos tratado de adoptar una mirada más holística a la sostenibilidad, viéndola como un gran paradigma que no sólo aborda los temas medioambientales y económicos, sino también los sociales, en su conjunto. Pero, ¿qué estamos haciendo los educadores, con nuestro liderazgo, para contribuir al cambio? A continuación comparto los cuatro atributos que he identificado como claves no sólo para los educadores, sino para todos los profesionales que se consideren agentes de cambio: 
  • Formación diversa y continua. Los profesionales de este siglo destacan por su capacidad para aprender a lo largo de toda su vida, diversificarse en materias de alto impacto y dejar los tradicionales silos funcionales. De hecho, el profesional que actualmente es mejor valorado en las organizacionales con proyectos de sostenibilidad, ya no parece ser el tradicional ingeniero, sino cualquier profesional con pensamiento sistémico y estratégico, con una mirada de los problemas en 360 grados y con experiencia específica en reportes públicos, analítica de datos y análisis del ciclo de vida.
  • Capacidad para visualizar soluciones. Las soluciones sostenibles a menudo requieren formas nuevas de pensar sobre los sistemas y procesos existentes. En otras palabras, no basta con abordar los problemas desde un solo ángulo, sino que se requiere capacidad para pensar en forma sistémica, como competencia crítica para así visualizar soluciones de negocios radicalmente distintas.
  •  Capacidad para liderar el cambio. En materia de sostenibilidad, hoy se necesitan profesionales que sean agentes de cambio. Es decir, profesionales que sean capaces de modificar las prácticas corporativas, convencer a los demás sobre la necesidad de hacer las cosas de manera distinta, involucrar a todos e impulsar nuevas métricas en los socios de la cadena suministro.
  • Gestión de sostenibilidad corporativa. Los nuevos profesionales de la sostenibilidad se involucran en la medición, gestión y levantamiento de reportes de sostenibilidad en términos de impactos sobre las personas y el medio ambiente, como materias críticas para el bienestar de las partes interesadas (stakeholders). Además, se trata de profesionales capaces de interpretar el Rendimiento Máximo Sostenible (RMS) de una organización en función de ciertas normas y estándares que la hacen ser sostenible. Esto significa que el asesor de sostenibilidad debe tener un conocimiento profundo del core business y de su contexto competitivo para así implementar y escalar soluciones que, a menudo, requieren un enfoque multidisciplinar.
En síntesis, a medida que las organizaciones avanzan en la curva de madurez en sostenibilidad, las materias se vuelven más complejas. Por tanto, ahora éstas requieren soluciones creativas y formas dramáticamente distintas de pensar el negocio. En este panorama tan desafiante, los profesionales apasionados y con capacidad para resolver problemas de manera creativa, tienen hoy una gran oportunidad de crecer continuamente y hacer crecer progresivamente a las empresas, conduciéndolas simultáneamente por el camino, sin vuelta atrás, del cambio transformacional.

Saturday, April 22, 2017

Los líderes no se quejan. Toman acciones.

A nivel contextual, todo parece indicar que nos hemos convertido en un país de gente quejumbrosa, con una actitud irresponsable y destructiva ante los problemas y el futuro sostenible, construyendo mitos, levantando pliegos de peticiones, reaccionando, exigiendo que los demás actúen, etc. Sólo basta con mirar nuestro micro y meso entorno para darnos cuenta de esta desalentadora y triste realidad. A la inversa, los líderes son personas que se expresan por sobre ese nivel discursivo, actuando de manera constructiva y modelando con un relato esperanzador y transformador. Es más, se trata de personas que siempre están trabajando y perfeccionándose para orientarse a la acción y solución. Me pregunto, ¿pueden las personas quejumbrosas ser felices y liderar a los demás? Ante la contundente evidencia, parecería que no, pues las quejas develan que quienes las emiten no han alcanzado su nivel máximo en la pirámide de necesidades de Maslow, ¿no les parece?
Pero, ¿por qué la gente se queja?  En el ámbito laboral, las personas generalmente se quejan por  alguna razón, incluso si no son conscientes de esa razón. Por ejemplo, hay quienes se quejan para ocultar algún mal desempeño, alguna mala decisión o simplemente para desentenderse de una mala evaluación. Se trata de sujetos con baja capacidad de autorregulación y que temen a cometer errores, pues no ven en esta condición humana una oportunidad para mejorar. Lo triste es que las personas que se quejan todo el tiempo, nunca alcanzarán todos sus objetivos. Pero, es más triste aún, si se trata de personas que tienen responsabilidades ante muchas otras más. Por cierto, me estoy refiriendo expresamente a las personas sin capacidad de liderazgo y que deben trabajar con colectivos humanos a quienes necesitan transformar. Siguiendo a Will Bowen, autor del libro "A complaint free world" ("Un mundo libre de quejas"), él afirma que hoy la gente se queja de todo y que muchos se focalizan en lo negativo, cuando sería mucho más entretenido centrarse en lo positivo, en las cosas buenas de la vida. Adicionalmente, Bowen (2013) plantea que las personas se quejan por varias razones, entre ellas, para ...
  • conseguir atención;
  • desligarse de responsabilidades;
  • inspirar envidia; 
  • tener poder sobre los demás (en lugar de poder con los demás); y
  • excusarse por un desempeño mediocre.
 ¿No les parece lo anterior un lugar común? Aunque, en el contexto chileno, yo apostaría a que muchos se quejan simplemente para excusarse por un desempeño mediocre. Ahora bien, si observamos nuestro entorno laboral, estoy seguro que identificaremos fácilmente algunas de estas razones en las personas que conocemos o con quienes trabajamos. Por otra parte, numerosos estudios sostienen que muchos se quejan para incitar al cambio de lealtades y otros que las quejas generan bajas en la creatividad y productividad. Como sea, todo indicaría que se trata definitivamente de una mala práctica instalada en profesionales del mundo subdesarrollado e incluso en vías de desarrollo.
Ciertamente, lo anterior parece no ser la forma de construir una cultura del trabajo colaborativo, de mejorar, de manera incremental, al puro estilo japonés (kaizen), de liderar con el ejemplo, como dice Angela Merkel, de poner la Quinta Disciplina en la práctica, como plantea Peter Senge, ni menos de contribuir efectivamente al logro de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que hoy en día nos están movilizando a tantos. Aquí el antiguo adagio “mientras más das, más consigues” parece materializarse de manera evidente en la sociedad moderna. Pero, para lograr este objetivo, los líderes o las personas que desean serlo necesitan impregnar una alta cuota de 'debida diligencia' en sus actuaciones (evaluar los impactos de sus comportamientos). Es más, uno observa que los profesionales efectivos nunca se quejan, pues trabajan duro, se sacrifican, se autoimponen metas,  se autogestionan y buscan soluciones, sin dañar nunca a los demás. A la inversa, creo que los sujetos quejumbrosos nunca podrían llegar a ser profesionales focalizados o disciplinados, ni menos transformarse en líderes, ya que las quejas son obstaculizadoras per se del cambio, el éxito y la felicidad. Además, como yo lo veo, se trataría de personas incapaces de ponderar las consecuencias de sus acciones, ya que la ponderación es una de las tantas métricas con las cuales se mide el liderazgo.  
Es muy simple identificar a unos y a otros. Mientras los quejumbrosos quedan aprisionados en su zona de confort, sin lograr desarrollarse, los líderes exploran su zona de riesgo, tomando acciones, creciendo y llegando a soluciones efectivas. Evidentemente, un futuro sostenible, como el que se plantea en los 17 ODS, no se construye con quejas, sino esencialmente con acciones. En otras palabras, con visión, que es el comportamiento esperable y observable en todas las actuaciones de las personas con capacidad de liderazgo positivo.
En síntesis, y desde mi modesto punto de vista, creo que el cambio transformacional, que es el núcleo de la sostenibilidad, no es posible con personas que llevan a cuestas una mochila cargada de quejas y perspectivas pesimistas de la realidad. Así, definitivamente, no es posible escalar hacia un futuro mejor y sostenible, que es el gran desafío que nos impone la Agenda 2030 de la ONU. Pero, siendo las quejas el resultado de nuestros actos, como dice Pablo Neruda y también una prueba para ganar, como el mismo Neruda plantea, ¿no creen ustedes que primero debemos reflexionar, transformarnos, transformar y actuar?

Sunday, February 26, 2017

Sostenibilidad: Un llamamiento a la acción

La gran preocupación que existe hoy por el impacto que los seremos humanos estamos teniendo sobre el planeta y las implicaciones de ello para las futuras generaciones, ha llevado a muchos a destacar el rol clave que juega la educación superior para a ayudar a la humanidad a transitar hacia un futuro caracterizado por la capacidad de satisfacer las necesidades del presente, sin impedir que las futuras generaciones tengan la misma capacidad de satisfacer sus propias necesidades. En los últimos veinte años, muchos activistas y algunos académicos han estado explorando e investigando el mega tema de la sostenibilidad. Otros académicos nos hemos dado cuenta algo tarde, pero hemos emprendido rápidas acciones de cambio. Ello se refleja claramente en nuestro lenguaje, en nuestros estilos de clase (más participativas e interactivas), en la forma de trabajar (enfoque más sistémico y multidisciplinar), en nuestra forma de pensar (abierta al cambio transformacional) y, en general, en la manera que tenemos de ver e interpretar la realidad y conectarnos con el mundo. Desde esta perspectiva, el gran desafío que enfrenta la educación, en todos sus niveles, es su capacidad de educar a las nuevas generaciones de estudiantes, de manera diametralmente distinta.
En este contexto, varias universidades chilenas han estado realizando ingentes esfuerzos por ofertar cursos y programas de especialización en temáticas relacionadas con la sostenibilidad, mientras otras han integrado el tema a través de asignaturas ad hoc. Como resultado, podríamos advertir algunas dificultades curriculares. En el primer caso, dichos programas están orientados especialmente a profesionales con formación ingenieril. En el segundo caso, se estima que se necesitaría identificar los resultados de aprendizaje que se esperan obtener de una asignatura instalada transversalmente en el currículo. Como es de advertir, el tema curricular se ve algo complejo. En mi opinión, no se trata meramente de incorporar una actividad curricular relacionada con la sustentabilidad, ya que, sólo se estaría sumando más conocimientos, los cuales, no permitirían cambiar la forma de ver la realidad y actuar sobre ella, de manera responsable. Adicionalmente, dicho enfoque no haría más que fomentar el asentamiento de silos funcionales, los cuales, como sabemos, riñen totalmente con el enfoque de trabajo multi y transdisciplinar que nos exige el paradigma de la sustentabilidad.
Aparentemente, el problema fundamental para las Instituciones de Educación Superior (IES) está en que el currículo actual, incluyendo aquel con algún componente relacionado con la sostenibilidad, no ha sido diseñado para abordar cómo configurar un mundo sustentable. Es más, la mayor parte del currículo chileno entrega conocimientos disciplinares fragmentarios, los cuales, a mi juicio, no permiten a los futuros profesionales trabajar efectivamente con otros, ni menos abordar los problemas de la vida real, desde la mirada tridimensional de la sostenibilidad De hecho, el currículo, independientemente de la materia que cubra, debería exponer  a los estudiantes a actividades basadas en el pensamiento sistémico y holístico. Claramente, la práctica experiencial permitiría aplicar la misma forma de pensar a otros contextos y situaciones.
Como muestra de cambio transformacional, a continuación, comparto algunas acciones que las universidades y otras IES podrían implementar:
  • Desarrollar talleres de sensibilización sobre el significado y las implicaciones teóricas y prácticas de sostenibilidad.
  • Revisar todos sus artefactos institucionales (visión, misión, proyecto de desarrollo estratégico, modelo educativo, etc.), con un discurso alineado con la sostenibilidad
  • Reconocer las oportunidades de desarrollo de algunos de los académicos, abriendo instancias para que ellos compartan generosamente sus nuevos aprendizajes y prácticas sostenibles;
  • Crear contenido curricular relacionado con historias y experiencias exitosas relacionadas con la sostenibilidad con la participación activa de equipos multidisciplinares;
  • Fomentar las conversaciones críticas sobre problemáticas sociales, económicas y medioambientales, de manera de ir instando la toma de conciencia sobre el tema en la memoria colectiva; y
  • Realizar un análisis profundo de los stakeholders (alianzas sociales o socios estratégicos), que posibilitan el funcionamiento sustentable del quehacer de las IES.
Finalmente, el llamamiento es a la acción, ya que nos faltan espacios para seguir conversando y compartiendo puntos de vista, aprendizajes y experiencias entre profesionales, que hemos iniciado o entre aquellos que van a iniciar este largo camino hacia el cambio transformacional. Por tanto, son bienvenidas preguntas críticas, comentarios constructivos y experiencias prácticas, que nos ayuden llevar este nuevo paradigma a la acción.

¿Por qué la flexibilidad laboral es una medida sustentable?

No es ninguna sorpresa observar que, en muchas partes del mundo, la tendencia sustentable en el trabajo es hacia la flexibilidad laboral. Por cierto, llegar a una oficina y sentarse frente al mismo escritorio de todos lo días, donde colocamos el notebook que llevamos siempre con nosotros, no resiste ningún análisis en materia de productividad: perdemos horas en desplazarnos de un punto a otro e incluso de una ciudad a otra, nos agotamos y nos estresamos innecesariamente por la congestión vehicular de la ciudad. Este escenario parece no ser sustentable, ¿verdad? Aún más, en muchos contextos laborales chilenos, el tema de la sustentabilidad se trataría más de una bonita declaración de buenas intenciones que de un efectivo llamamiento a la acción. A la inversa, la flexibilidad laboral, en los casos en que ésta sea implementada, constituye una decisión sustentable porque permite medir y evaluar el desempeño laboral desde principios sociales, económicos y medioambientales, y no desde la mera evaluación cuantitativa (cumplimiento de horario o control horario), que es la forma que tienen algunas empresas lucrativas y no lucrativas para valorar el desempeño de sus empleados ¡Craso error!
Siguiendo esta misma línea de análisis, la fuerza laboral de hoy parecería preferir un horario flexible, que le permita optimizar su gestión de trabajo y mejorar su calidad de vida, en su conjunto. A modo de ejemplo, un reciente estudio de Citrix señala que el 71% de las personas prefería dejar su modo actual de trabajo por una forma remota. Por su parte, un estudio de FlexJobs indica que  de un universo de 3.100 profesionales, sólo el 7% señala que la oficina es su lugar preferido para ser más productivo. Otro resultado del mismo estudio indica que el 65% de los empleados piensa que sería más productivo con el teletrabajo que trabajando en la oficina tradicional.  Entonces, cuando hablamos de flexibilidad laboral, ¿acaso no estamos implicando una genuina aspiración de mejoramiento de nuestro bienestar general? Es más, muchos profesionales preferimos trabajar en esquemas de horario flexible para así controlar mejor nuestro trabajo y nuestra vida personal. Ahora bien, desde una perspectiva sustentable, el horario rígido de ocho horas y la sobre-supervisión es indiscutiblemente un mal negocio para todos, pues este modelo tradicional de trabajo no garantiza necesariamente un alta productividad, ni menos la realización personal, que todos buscamos. Así lo demuestran diversas investigaciones en la materia, las cuales concluyen que la rigidez laboral es altamente  peligrosa para la salud, debido que ésta podría gatillar las así llamadas 'enfermedades ocupacionales', de carácter no sólo fisiológico, sino que principalmente psicosocial.
Sin lugar a dudas, cuando nuestra salud mental mejora, así también lo hará nuestra moral. Por tanto, cuando tenemos mayor espacio y tiempo para distraernos de las actividades rutinarias de la oficina, podemos realizar otras actividades, tales como, pasar más tiempo con nuestra familia, dormir más y mejor e incluso seguir estudiando. De hecho, cuando nos re-oxigenamos, desarrollándonos en otras actividades, llegamos lejos más felices a nuestro trabajo y, consecuentemente, nos comprometemos y producimos más. Adicionalmente, la costo-efectividad suma para ambas partes: la empresa genera ahorros de toda índole y los empleados también.
Pero, aunque algunas empresas chilenas han diseñado e implementado modelos de flexibilidad laboral efectivos (por ejemplo, part-time y teletrabajo) y, además declaran a la sustentabilidad como un principio institucional, desde en análisis critico, esto parece no ser suficiente. En primer lugar, estimo que las empresas necesitan personalizar sus programas de horario flexible  de manera de satisfacer las necesidades particulares de sus empleados y, en segundo lugar, es necesario que dichos modelos sean totalmente apoyados por la alta dirección. En la práctica, esto significa que las empresas deberían promover una cultura de la auto-gestión, con un esquema de trabajo por objetivos y con métricas claramente definidas para su seguimiento y evaluación. Indudablemente, este enfoque más sustentable del trabajo podría ser beneficioso para ambas partes, mejorando así la satisfacción laboral, reduciendo el ausentismo, aumentando el compromiso y reduciendo notoriamente la rotación de personal.
Finalmente y desde una perspectiva sustentable, comparto algunas preguntas que podrían servir para evaluar un eventual esquema de trabajo con horario flexible:
  • ¿Cómo podría la flexibilidad laboral mejorar su productividad como profesional?
  • ¿Cuáles son los ahorros que generaría su empresa y usted a partir de un modelo de trabajo flexible?
  • ¿Es usted un profesional autodirigido, que se siente cómodo trabajando sin supervisión directa?
  • ¿Cuándo usted se vuelve más creativo/a? ¿Con mayor o menor supervisión?
  • ¿Es la creatividad valorada por su organización?
  • ¿Cree usted que su calidad de vida mejoraría con un esquema de trabajo flexible?
En síntesis, todo indicaría que no existen reglas estandarizadas para la flexibilidad laboral, ya que la tendencia generalmente parece centrarse en la negociación individual, considerando las necesidades de desarrollo de cada persona, las cuales podrían diferir de las de otros. Así, si un empleado o colaborador desea adscribirse a este sistema de trabajo, él o ella debería presentar una propuesta individual y asegurarse de que su empleador entienda muy bien sus razones, las cuales, a mi juicio, simplemente debería basarlas en la declaración de sustentabilidad de la propia organización, poniendo el énfasis en el compromiso, la productividad y la felicidad en el trabajo, vale decir, relevando el 'llamamiento a la acción'. 

Segundo Manifiesto de advertencia a la humanidad

La Unión de Científicos Preocupados (Unión of Concerned Scientists), de la cual formo parte, junto a científicos de más de 184 países, hem...