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Wednesday, November 09, 2016

Gente proactiva: Comportamiento orientado al cambio y a la acción

En nuestro entorno laboral nos encontramos con dos tipos de personas: (i) aquellas que se hacen cargo, asumen la iniciativa, generan cambios constructivos y crean cambios, no sólo se adelantan a los hechos y (ii) aquellas que esperan que los demás les entreguen las soluciones y se mantienen en su zona de confort, asumiendo un rol pasivo. Estas son las llamadas personas reactivas, que se ven impulsadas por las circunstancias del ambiente. Evidentemente, las primeras son personas proactivas, las segundas no. En mi experiencia, los colaboradores más valiosos son aquellas personas que suman, que se mueven por valores y que también se ven influenciadas por estímulos externos, consciente o inconscientemente, pero cuyas elecciones se basan en valores. Por definición, esto significa que estas últimas personas controlan las situaciones, haciendo que todo funcione, según sus necesidades individuales y grupales. Pero, hay otras, que si bien pueden cumplir satisfactoriamente con sus funciones, buscan las respuestas en los demás o bien esperan pacientemente a que otros las generen para ellos o, como decimos coloquialmente, le pongan las soluciones “en bandeja”.

En realidad, para ser proactivos, necesitamos romper con el status quo, en una dirección intencionada. Es más, un compartimiento proactivo distingue a las personas de la gran masa, que sigue el flujo de los eventos. Entonces, la proactividad involucra crear cambio, no simplemente anticiparse a éste. Sin embargo, el cambio supone plantearse objetivos de mejoramiento personal,  desarrollar redes de personas comprometidas y mejorar los resultados de la organización (Senge, 2000). De hecho, nuestro recordado Stephen Covey, uno de mis gurúes favoritos sobre el cambio personal, ubica a la proactividad como el primer hábito de la gente altamente efectiva. Siguiendo sus enseñanzas, las personas proactivas son distintas, pues generan el cambio desde adentro hacia afuera, provocando transformaciones positivas en su contexto. Son personas más diligentes, más creativas y más colaborativas (Covey, 2012).

En el mundo corporativo, la proactividad no sólo implica los importantes atributos de flexibilidad y adaptabilidad para enfrentar un futuro incierto, sino principalmente tomar la iniciativa para mejorar la productividad. En el otro extremo, tenemos a las personas reactivas que esperan sentados a que las cosas pasen, que exigen respuestas de los demás, y que esperan pasivamente que el cambio se imponga desde afuera, por alguien. Ahora bien, muchas personas pueden desempeñarse muy bien cumpliendo sus funciones, pero no todas ellas son realmente proactivas. Sin embargo, hay otras personas que toman decisiones de manera consciente, pues se dan cuenta de las necesidades de su contexto laboral, aportando al cambio, sin que nadie les haya solicitado hacerlo. Estas personas evidencian un comportamiento verdaderamente proactivo.

En mi experiencia, he observado en diversas organizaciones productivas y educativas que las personas proactivas exhiben los siguientes comportamientos:
  1. Exploran oportunidades de cambio. En otras palabras, mantienen sus antenas en alerta, buscando nuevas formas de crecer y aportar;
  2. Se fijan metas efectivas, orientadas al cambio. En realidad, el comportamiento proactivo se centra en el logro, pero particularmente, en el logro con impacto real;
  3. Se anticipan a los problemas y los previenen. Se trata de personas que no buscan soluciones en los demás para sus problemas. Por el contrario, toman acciones;
  4. Perseveran. Las personas proactivas persisten en sus esfuerzos. No evaden los problemas, no traen problemas. Simplemente, son parte del problema, ya sea aportando a su solución o solucionándolos; y
  5. Logran resultados efectivos. Se trata de personas que alcanzan buenos resultados cualitativos y cuantitativos.
¿Cómo nos damos cuenta si los demás son personas proactivas o reactivas? Siguiendo a Covey (2012), sólo basta con escuchar su lenguaje. Efectivamente, es a través de nuestro lenguaje en donde evidenciamos nuestras actitudes, conductas y paradigmas. En la Tabla 1, comparto algunas expresiones extraídas de mis interacciones en diversos contextos laborales: 

Tabla 1
Escuchando el lenguaje
Lenguaje reactivo
Lenguaje proactivo
·    ¿Cuándo entregarán las soluciones?
·    Tenemos que hacer esto.
·    Según se plantea en el calendario, ahora tenemos tal acción. Pero, ¿qué tenemos que hacer?
·    Envío una posible solución para que la analicemos.
·    Tal vez, podríamos buscan un enfoque distinto.
·    ¿Les parece que nos reunamos para revisar el calendario?
Fuente: Elaboración propia.

Al analizar el discurso anterior, podemos inferir que el emisor de la columna de la izquierda refleja un paradigma social de alta dependencia, el cual no permitiría ni el desarrollo personal ni el organizacional. Sin embargo, el lenguaje de la columna de la derecha es el espejo de una persona con espíritu sinérgico, que piensa en ganar-ganar y cuyo paradigma social es de alta independencia (desarrollo individual) e interdependencia (desarrollo grupal). En este breve análisis comparativo, vemos que hay personas que esperan que suceda algo o que alguien haga que las cosas sucedan y otras que construyen soluciones a los problemas y no traen problemas, que toman decisiones congruentes con sus principios valóricos y finalmente realizan la acción.

A continuación propongo algunas preguntas que podrían ayudar a autoevaluar el desempeño personal en el trabajo:
  • ¿Reacciona usted ante los eventos que ocurren a su alrededor o toma la iniciativa, anticipándose y/o controlando los eventos?
  • ¿Actúa usted a tiempo o deja que los demás actúen por usted?
  • ¿Asume usted un rol pasivo ante los problemas de su medio laboral?
  • ¿Toma usted decisiones sólo cuando se enfrenta a un problema?
  • ¿Planifica usted a corto, mediano y largo plazo?
  • Cuando usted comete un error, ¿lo admite, lo corrige y aprende de él inmediatamente? 

En síntesis, la proactividad en el trabajo se traduce sencillamente en hacer que las cosas sucedan. Esto supone tener iniciativa personal, anticiparse a la acción y generar cambios personales y en nuestro entorno. Algunos ejemplos incluyen: mejorar el clima laboral, innovar en enfoques de trabajo, resolver diversos tipos de problemas, proponer ideas que nadie más se atreve y buscar y ofrecer retroalimentación constructiva. En este contexto, prácticamente todas las organizaciones se están descentralizando para adaptarse al cambio y esta estrategia demanda contar con colaboradores altamente proactivos, capaces de traspasar las fronteras propias de su trabajo y de motivar al resto a hacerse cargo del cambio transformacional propio y de los demás.

Referencias

Covey, S. (2012). Los siete hábitos de la gente altamente efectiva. Lecciones magistrales sobre el cambio personal. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica, S. A.
Senge, P. (2000). La danza del cambio. Los retos de sostener el impulso en organizaciones abiertas al aprendizaje. Colombia: Editorial Norma, S. A.

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