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Sunday, July 23, 2006

La necesidad de ser rescilientes

Hoy más que nunca en la historia humana necesitamos ser altamente rescilientes, lo cual también implica promover su desarrollo temprano en los individuos. La resciilencia no es más que la capacidad de los seres humanos de hacer las cosas bien aunque las condiciones de actuación sean adversas. Sin embargo, no es fácil ser rescilientes en una sociedad en donde más bien se fomenta el chaqueteo y en donde los individuos son más bien pesimistas. Y, en donde los conflictos son el inicio de otros conflictos y no la base para emprender nuevos aprendizajes. Alguien podría decir, ¿pero están todas las condiciones en nuestro contexto para ser rescilientes? Es verdad, sin embargo, creo que dicha capacidad tiene que ver con situaciones de orden social o psicológico frente a las cuales hay que recuperarse y que dicha recuperación es más fácil en un ambiente que fomenta el optimismo. No somos igual a los orientales quienes asumen la crisis como oportunidades para crecer y crear. Nosotros recién estamos asumiendo que debemos aprender de las crisis y crecer a partir de lo que hayamos experimentado. Como individuos occidentales necesitamos muchas veces recurrir al psicólogo por ayuda, los orientales recurren a su yo interno. Ellos ya saben navegar sin problemas, nosotros aún estamos a la deriva en un inmenso mar en donde la razón ocupa sólo un pequeño espacio.

La resciliencia, por tanto, forma parte integral de los orientales, mientras que entre nosotros los occidentales y, más específicamente, los chilenos, ésta aún ha de aprenderse y, en consecuencia, de fomentarla. No es nuestra capacidad innata. Las capacidades innatas están muy vinculadas con los contextos culturales en donde nace, crece y se desarrolla el ser humano. Para ser resilentes nos falta, por ejemplo, la observación con fines de aprendizaje, la contemplación como agradecimiento por lo hermoso de la vida, la capacidad de los antiguos griegos de conocerse a sí mismos, la capacidad de aprender de todo tipo de aptitudes sociales y resolutivas de problemas, así como de determinadas aptitudes técnicas de utilidad, más el convencimiento de tener algún tipo de control sobre la propia vida, en fin, la capacidad de construir permanentemente conductas positivas.

Autor: Fernando Vera. Magíster en Ciencias de la Educación con Mención en Administración y Gestión Educacional; Magíster en Investigación Educativa(c).

1 comment:

J.A. Vega said...

interesante, aunque he de diferir con tu opinion acerca de los asiaticos, con quienes tengo bastante contacto,pienso que la rescilencia mas bien nos sobrecoge cuando el entorno demografico, geografico o social te hacen vencer o morir

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